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jueves, 29 de octubre de 2020

¿Cómo frenar la propagación del Coronavirus?

Para frenar la propagación del Sars-cov-2 se deben tomar medidas que impidan la trasmisión del virus, sin embargo, las medidas que se les ocurren a nuestros gobernantes consisten en encerrarnos a todos en nuestras casas. Esto, que puede ser efectivo durante un tiempo, no es bueno para la economía ni para nuestra salud mental y, quebranta nuestras libertades y derechos fundamentales.

Cuando personas y grupos de personas no respetan los protocolos básicos para reducir el riesgo de contagio, ponen en peligro su salud y la salud de los que les rodean.

Hay personas que asisten a fiestas y reuniones sin tomar precauciones básicas.

Las fuerzas de seguridad se esfuerzan para evitar estas reuniones ilegales. Identifican a los infractores, les imponen elevadas multas y disuelven las reuniones. De esta manera, personas identificadas que han estado expuestas a un elevado riesgo de contagio vuelven a su vida habitual y propagan el virus.

Si somos serios y realmente deseamos tomar medidas para frenar la propagación, sería mucho más razonable que las personas que se saltan las normas, es decir, los potenciales contagiadores, sean sometidos a un régimen de aislamiento durante el tiempo necesario (cuarentena).

Las personas que no cumplen las normas y son pillados "in fraganti" no pueden volver a su vida habitual con una multa en el bolsillo. De lo que se trata es evitar el contagio, luego las personas incumplidoras deben hacer dos cosas:

1. Someterse a test o pruebas que deberían pagar ellos mismos, por irresponsables.

2. Permanecer aisladas o en cuarentena el tiempo necesario.

Estas medidas sí impiden la transmisión del virus.

Las multas solo sirven para disuadir y para recaudar (no para contener el virus) y el confinamiento generalizado es como matar moscas a cañonazos.

Es mejor que gasten su dinero en prevenir.

Tenemos que convivir con el virus y para ello sólo es necesario estar adecuadamente informados y ser personas educadas, respetuosas y LIBRES.

 

miércoles, 12 de agosto de 2020

Coronavirus, encierro e idiotez

 


El gobierno de España y muchos otros se enfrentan a la epidemia del coronavirus confinando (o más bien encarcelando) a toda la población.
En España hemos sufrido más de tres meses de "encarcelamiento" sin que hayamos cometido delito alguno. Nunca se ha sufrido una mayor represión, ni siquiera en la época franquista.

El efecto rebote de esta represión sin precedentes es una segunda oleada de casos.

La nefasta gestión de la epidemia está provocando un sinfín de problemas de salud mental y de convivencia, tan graves como los peores efectos de la propia enfermedad.

Al principio de todo este despropósito teníamos que permanecer encerrados en nuestras deficientes viviendas bajo amenaza de multas desproporcionadas.
Tras varias semanas escuchando las ventosidades de los vecinos la convivencia comenzó a ser insoportable.
Los medios de comunicación animaban a realizar deporte en unas viviendas que no están preparadas para tales menesteres, por lo que los ruidos hacían aún más insoportable en encierro.
Nos animaban a ser pulcros en la limpieza transmitiéndonos auténticas barbaridades como mezclar lejía con amoniaco, lo que puede producir intoxicaciones mortales.

Las farmacias no tenían alcohol porque cuatro listos lo acapararon para fabricar geles hidroacohólicos que venden a elevados precios para enriquecerse.

Encerrados, temerosos y sin un adecuado descanso estamos sufriendo todo tipo de crisis mentales y existenciales.

En un primer momento no era necesario el uso de la mascarilla. Después nos enteramos de que sí son necesarias, pero nos engañaron porque no había mascarillas para todos, en vez de animarnos a confeccionarlas nosotros mismos.
Ahora su uso es obligatorio bajo pena de multa, pero los precios de una mascarilla ffp2 (las que impiden que te contagien) pueden superar los cinco euros y duran unas horas.

Se agotaba el papel higiénico y los alimentos no perecederos debido al miedo y a la poca solidaridad de un grupo numeroso de personas.

El encarcelamiento masivo se produjo porque los hospitales estaban saturados.

Nuestros trabajadores sanitarios trabajaban sin la adecuada protección y sin descanso, mientras el gobierno nos vende las virtudes de nuestro sistema sanitario. La normativa de prevención de riesgos laborales se la pasan por el forro.

Hemos aplaudido a los sanitarios, a la policía, al ejército... Yo, cuando me cruzo con la policía, no sé si enseñarle el DNI o ponerme a aplaudir.

Una amiga me cuenta, que, en su pueblo, la guardia civil hace rondas por la zona y obliga a ponerse la mascarilla a cualquier persona, incluso aunque esté paseando a un kilómetro de distancia del ser vivo más cercano, y con una temperatura de 40 grados centígrados. En mi pueblo eso se llama exceso de celo.

Y qué hemos aprendido de todo esto. Me temo que muy poco. Una de las cosas que quedó clara es que cuando la necesidad aprieta cada país se ocupa de sus propios asuntos y los demás le importan un carajo.

Yo estoy harto de esta situación y aunque animo a llevar mascarilla, a la higiene y respetar la distancia de seguridad, creo que el mejor remedio es la educación, la información, el respeto y la Libertad.

Los medios de comunicación de este país, encargados de informarnos, tienen más miedo que vergüenza. No realizan ninguna labor crítica cuando todo es criticable. Son corderitos y nosotros necesitamos leones. Son patéticos. Estamos sufriendo la mayor represión y el mayor recorte de libertades de nuestra historia y los medios de comunicación sólo se ocupan de mostrarnos a cuatro niñatos que, hartos de tanta idiotez, pasan de respetar la distancia de seguridad. ¡La política del miedo a veces no funciona, capullos!!!

lunes, 14 de junio de 2010

Crisis? What crisis?


En España estamos hasta los cojones de la crisis, o hasta el coño 
(digo yo, porque aunque no nos entendamos muy bien los hombres y las mujeres, en esto estamos todos y todas de acuerdo). 

El panorama es aburrido: 
La prensa lo mejor es no leerla para no deprimirse, ¡menuda pluralidad informativa!, y sensacionalismo hasta el dolor de cabeza; los economistas no tienen ni puta idea; los sindicatos sólo mueven a sus colegas (y a algún nostálgico); los partidos políticos han perdido el norte (y el sur); los gestores de nuestros recursos se creen que esto es Hawai; los trabajadores estamos jodidos (aunque menos que los parados)...

¿Y dónde está la solución? Según mi opinión, hay dos soluciones: 

La solución actual, que pasa por un líder que nos devuelva la ilusión. Un líder que sea una persona preparada (deberíamos exigir unas cualidades a nuestros políticos: mesura, cultura, inteligencia, idiomas...). Un líder que se apoye en buenos gestores. Un líder que se apoye en otros líderes para acabar con la tiranía de los mercados y para que el dinero se invierta en el futuro de todos, en vez de en el bolsillo de unos pocos.

En el futuro, que creo que yo no veré, la solución será la Revolución. La globalización llevará a los ciudadanos a organizarse por y para ellos mismos, sin fronteras, con objetivos. Nos pondremos de acuerdo en que sólo necesitamos respetarnos y respetar a nuestro entorno. Lo único que estará prohibido será prohibir. Utilizaremos Internet para organizarnos (en vez de para poner nuestros caretos en Facebook), pero para organizarnos de verdad (y no para hacer el panoli siguiendo modas absurdas). No nos dará envidia el carro del vecino porque no trabajaremos para comprar carros, sino para vivir con dignidad.

I wish...